En estos días que vi la obra de Yayoi Kusama flotando por el mar me acordé de la vez que después de varias horas de viaje, exhausto de la caminata del día anterior y bajándome del tren en la estación de Kyoto empecé a hacer el clásico baile de ponerme las manos en todos los bolsillos mientras daba vueltas como una gallina sin cabeza. Extirpando mochilas y con cara de fin del mundo le pregunté a Edwin si tenía mi pasaporte. Su reacción de desilusión me descartó la posibilidad de que sea una broma. Al otro día teníamos el vuelo de vuelta a casa desde Tokyo y a mí claramente se me había quedado el pasaporte en Naoshima, una isla japonesa a la cual no es fácil llegar (pero que merece mucho la pena visitar, fue lo que más me gustó de todo el viaje, si van a Japón es mi recomendación). La idea de ser un dominicano sin pasaporte en Japón no me hacía nada de gracia, y tampoco me podía permitir perder el vuelo del día siguiente. Hablar por teléfono con el señor de donde nos quedamos a dormir la noche anterior no ayudaba mucho ya que a él no se le daba muy bien el inglés y no se si sabían pero el japonés se me da regular. Sentía una patada en los huevos cada vez que decía “¡Not Pasaport, not pasaport!”. Edwin se quedó en Kyoto y a mi no me quedaba más remedio que hacer nuevamente todo el trayecto de vuelta para recuperar mi documentación. Durante el trayecto de mi misión en tren y en barco escribí esta canción, la encontré entre mis notas de voz del 2019. Supongo que es un sentir de lo mucho que disfruté mi tiempo por allí.
Jamás me vi tan lejos de casa vulnerable y sagaz
Me llevé cuatro caracoles para no olvidar
Me crucé con una calabaza más grande que yo
Te pense y junté una frase linda que se me olvidó
Agua quieta, cielo digital
Se me borró del horizonte la línea del mar
La vida imprecisa me trajo a este lugar
Para que vea lo que me encuentro si no paro de caminar
El tiempo se detuvo en el reflejo de una esfera gigante
Me senti todo poderoso, insignificante
Tres mil islas con flores de cerezos, atardeceres de Monet
Se me quedó algo en Naoshima tuve que volver
Agua quieta, cielo digital
Se me borró del horizonte la línea del mar
La vida imprecisa me trajo a este lugar
Pa’ que vea lo que me encuentro si no paro de caminar
Por cierto, encontré el pasaporte debajo de la cama de la caravana donde había dormido la noche anterior. Llegué a Tokyo, a tiempo para el vuelo.
Es muy probable que en el futuro algunas publicaciones estén detras de un muro de pago.
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